MONOTONÍA

Y la noche.
La madre no mira al gigante. Dirige la vista a la ventana y escupe con desdén. Afuera germina la semilla, florece y se marchita.
En el oscuro pasillo se mueve una sombra escuálida, su marido.
-¿Hago café?- pregunta malhumorado.
La madre no ha oído nada. Está roncando. Y mientras ronca pare tres hijos. El niño está muerto, las dos niñas viven.
El hombre coge las niñas y las lleva a la habitación, donde ya hay muchos niños. Al niño lo deposita fuera en el sembrado. La madre se ha despertado y mastica de nuevo. El hombre va al establo y se emborracha. Las vacas rumian, como la madre.
El hombre sacrifica una vaca. La madre se la come, y él y los hijos. La simiente germina. Todos comen pan y beben a cucharadas la leche de la madre y de las vacas.
El hombre está acostado sobre la estufa y duerme. La madre vuelve a parir dos hijos. Las vacas rumian. El padre sacrifica a la madre. Se la come con los hijos, también el perro recibe un pedazo. El hombre se da cuenta de su equivocación, va al establo y se emborracha.
Mientras tanto, la hija mayor trepa a la mesa. Una sombra se mueve en el pasillo, un hombre extraño. El reloj de pie marca las horas del crepúsculo y otras.
Y la noche.
La hija pare dos hijos. Cuando el padre regresa y ve todo, llora un poco. Más tarde se tumba al sol y se queda tendido.
El desconocido le entierra bajo la simiente que germina. La hija mastica. El desconocido se dirige al establo y se emborracha.
(Relato de Michael Ende)
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